El limoncello es un licor de origen italiano obtenido por la
maceración en alcohol de limones. El origen exacto de la bebida es en Sorrento,
una ciudad de mar a unos pocos km de Nápoles, en la región de Campania, en el
Sur de Italia.
Es importante consumir el limoncello muy frío tras haberlo
dejado unas cuantas horas en un congelador, ya que sus 25 grados de alcohol no
dejan helar la bebida.
Ingredientes:
1 litro de aguardiente
8 limones
1,5 l de agua mineral
875 g de azúcar
Lavar muy bien los limones. Con un pelapatatas sacar la piel
cortando únicamente la parte amarilla
del limón que es la más dulce de todo el cítrico.
En un recipiente grande coloca las cáscaras de limón y el
alcohol. Tapa de manera hermética y guarda en un lugar fresco en el que reciba
poca luz.
Tras haber mezclado todo el conjunto es importante dejar
macerar las cáscaras en el alcohol de 10 a 14 días. El resultado de este
proceso de maceración tiene que ser un líquido alcohólico pintado de amarillo y
las cáscaras deben haber perdido su color.
El siguiente paso será de colocar al fuego un recipiente con
un litro y medio de agua y unos 875 gramos de azúcar para luego dejar hervir
por 15 minutos, revolviendo frecuentemente con una cuchara de madera.
Una vez que el almíbar esté a temperatura ambiente hay que
ir mezclando con la maceración de alcohol y limón, utilizando el filtro para
eliminar las cáscaras una vez que ya hayan dado sabor al líquido.
El último paso de la preparación consiste en colocar el
licor obtenido en unas cuantas botellas de vidrio con tapa para que luego se
quede almacenado por un mínimo de 5 días más para acentuar su sabor antes de
consumirlo.
Antes de consumir la bebida es importante que se mantenga
fría, es decir que se quede unas cuantas horas en un congelador. Una vez frío,
ya podremos degustar nuestro limoncello casero.



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